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La reputación que construyen otros es la que más vale

Arlene Raventós0 minutos de lectura

Algo cambió en la forma en que se construye reputación corporativa, y muchas organizaciones todavía no terminan de procesarlo.

Durante mucho tiempo, la narrativa de una empresa era relativamente controlable. La construían los departamentos de comunicación, la amplificaban los medios con los que tenían relación, y el resto del mundo la recibía de forma más o menos pasiva. Había voces disruptivas, claro, pero el flujo general de la información era manejable.

Hoy los colaboradores de una organización son, queramos o no, sus voceros más influyentes.

Lo que publican en sus redes sociales sobre su trabajo, cómo hablan de su empleador cuando alguien les pregunta cómo es trabajar ahí, qué comparten cuando hay una noticia sobre la empresa, qué callan cuando podría esperarse que dijeran algo, todo eso construye o erosiona reputación con una autenticidad que ninguna campaña de comunicación institucional puede replicar.

La gente le cree más a una persona real que a un comunicado corporativo. Siempre ha sido así, pero ahora esa persona real tiene alcance.

Lo que he visto en organizaciones que entienden esto es que no intentan controlar lo que sus colaboradores dicen. Saben que eso no funciona y que el intento mismo genera desconfianza. Lo que hacen es construir una cultura, una experiencia de trabajo y un liderazgo que valgan la pena contar.

Cuando los colaboradores hablan bien de donde trabajan, no lo hacen porque les pidieron que lo hicieran. Lo hacen porque tienen algo genuino que decir. Y esa diferencia se nota.

La reputación más sólida que puede tener una organización es la que otros construyen por ella, sin que nadie se los haya pedido. Llegar a ese punto requiere trabajar hacia adentro con la misma seriedad con la que se trabaja hacia afuera.

La reputación que construyen otros es la que más vale · Clara